*El enorme monolito de roca que permanece inamovible en la Catedral de Nuestra señora de la Asunción en Tlaxcala, fue la pieza clave del proceso de evangelización en la Nueva España. Conoce aquí su historia
Nayeli Vélez
Tlaxcala, Tlax.- La profunda relación entre Tlaxcala y España, próxima a cumplir 500 años de historia, se consolidó con el bautizo de los cuatro señores del altépetl tlaxcalteca en la antigua pila bautismal, una imponente pieza de cantera labrada.
Resguardada en el conjunto conventual y catedralicio de Nuestra Señora de la Asunción, lleva inscrita una leyenda que reza: “En esta fuente recibieron la fe católica los cuatro senadores de la antigua República de Tlaxcala. El acto religioso tuvo lugar en el año de 1520, siendo ministro Don Juan Díaz, capellán del ejército conquistador, y padrinos el capitán Don Hernán Cortés y sus distinguidos oficiales”.
Ahí, entre los caminos empedrados y los altísimos robles y encinos que conducen al templo franciscano, la antigua pila fue testigo del histórico bautizo de los cuatro señores de la República de Tlaxcallan: Maxixcatzin, Xicohténcatl, Tlahuexolotzin y Zitlalpopocatl, con Hernán Cortés y La Malinche como padrinos, marcando el inicio de los procesos evangelizadores en el nuevo continente.
Fue Diego Muñoz Camargo, historiador tlaxcalteca de ascendencia mestiza, quien documentó este acontecimiento, que coloca a Tlaxcala como la cuna de la evangelización en América y el primer territorio donde se llevaron a cabo las primeras liturgias cristianas y la conversión de los naturales.
Junto al emblemático monolito, símbolo del sincretismo cultural y religioso que ha perdurado en la estructura de la ciudad de Tlaxcala, se encuentra el púlpito de la catedral de Nuestra Señora de la Asunción, el cual es considerado el primero de la Nueva España y de América y testimonio del papel fundamental que tuvo Tlaxcala en la expansión del cristianismo.
A pocos metros, una inscripción refuerza la importancia del lugar con la frase: “Aquí tuvo principio el Santo Evangelio en este Nuevo Mundo”.
La pila bautismal, de tamaño superior al común, sugieren algunos estudiosos e historiadores, responde a la necesidad de bautizar a adultos conversos, posiblemente en ceremonias colectivas.
En tanto, el púlpito representa la predicación de la nueva fe y no su imposición. Se cree que figuras clave del siglo XVI, como fray Toribio de Benavente “Motolinía”, fray Bartolomé de las Casas y fray Julián de Garcés—primer obispo de México y segundo de América continental—, usaron este espacio para llevar su mensaje evangelizador a los indígenas.
Estos dos elementos históricos, aún presentes en la catedral de Tlaxcala, evocan un pasado que dio origen a una nueva identidad. Son testigos silenciosos del innegable protagonismo tlaxcalteca en la construcción de la Nueva España.




